
Un cartel señala el Canal del Palomo siguiendo un sendero hacia la izquierda que sube por el barranco. Vemos también un sendero entre matorrales que baja directo al aparcamiento, y que será por donde volveremos. El tiempo está dudoso chispeando a ratos, lo que nos plantea muchas dudas para meternos en un canal con clavijas, pero a ratos también clarea así que decidimos intentarlo.
En menos de 10 minutos, tras pasar una vías de escalada, llegamos a una gran fisura en la roca, y a su izquierda vemos unas varillas de hierro metidas en la roca; no hay duda, es el punto de partida. A pesar de que el primer tramo es relativamente fácil, nuestra amiga Chozita no lo ve claro. Tras animarle insistentemente en que nos acompañe, prefiere una siestecilla en el coche a una dosis de adrenalina, decisión que lamentamos en ese momento, y de la que después nos alegraríamos al ver cómo se complicaba la subida.

Trepada por clavijas
Vamos subiendo sin demasiados problemas hasta un paso en el que resulta imposible llegar a la siguiente clavija. Es un tubo mojado y resbaladizo, donde no se puede subir haciendo oposición, incluso cuando esté seco. Tras varios intentos fallidos y mil posturas colgados de la pared a una importante altura, al final haciendo equilibrismos sobre las clavijas, conseguimos llegar con un paso de hombros, y ya desde arriba instalar un cordino para ayudar a los demás. Quizás también se pueda subir poniendo algún estribo en las clavijas, pero el sitio no es cómodo ni seguro. Realmente quizás nos jugamos un poco el tipo.
A medida que se avanza hay que ir con más cuidado, ya que el esfuerzo va cansado y algunos tramos que estando frescos serían fáciles, "quemadillos" cuestan un poco más.
Las clavijas acaban en una zona medio cerrada por la vegetación, detrás de la cual se abre el circo de Ligüerri con unos paredones impresionantes, un lugar precioso.

Final del Canal del Palomo
Para bajar hay dos alternativas, hacerlo por donde hemos subido, demasiado complicado sin cuerdas para rapelar, o hacerlo por el SurEste en un recorrido circular. Evidentemente cogemos la segunda opción, así que vamos hacia la derecha, siguiendo un cable pasamanos que recorre una faja algo aérea pero fácil. Seguimos después unos hitos y marcas hasta llegar a otro punto donde hay un descenso con clavijas, que no resulta muy fácil, pero poco a poco vamos bajando todos; si se lleva cuerda también se puede rapelar. Al pie de las clavijas unos hitos llevan hacia la derecha (izquierda si se está mirando a la pared), siguiendo los cuales sólo se llega a las vías de escalada, y quizás incluso hasta el mismo canal, para bajar rapelando, así que media vuelta hasta las últimas clavijas bajadas, y allí tiramos a la izquierda, según marca una flecha de pintura medio borrada. Un cable ayuda a pasar por una repisa estrecha y aérea, y después unas clavijas permiten avanzar horizontalmente hasta llegar a otras clavijas que hacen una muy corta bajada, siendo éstas ya las últimas.

Flanqueo, últimas
clavijas, y salida final
al contrafuerte
Rastros de senda nos empujan hacia abajo entre matorrales, pero comprobaríamos que no llevan a ningún sitio, así que lo mejor tras las clavijas es seguir hacia la izquierda (según se mira al valle). Tras subir diversas repisitas de roca llegamos hasta un contrafuerte, donde podemos ver el embalse de Vadiello y un paisaje alucinante, que nos seduce para volver otro día a la zona y subir el Pico Borón.

Flanqueo, últimas
clavijas, y salida final
al contrafuerte, visto desde la carretera (ruta aprox.)
Bajamos por el contrafuerte hasta ver un camino muy pisado a la izquierda, el cual tomamos, y que rodeando hacia la derecha nos lleva hasta el aparcamiento.
Los días siguientes, quienes menos en forma estaban, sufrieron unas dolorosas agujetas en piernas, brazos, dientes, orejas, ...