Preparativos
Después de muchas discusiones sobre la dificultad del Balaitous, y sobre si nuestro nivel está a la altura, decidimos ir a Respomuso durante el puente de los muertos a ver qué pasa. Tras un plan fallido para intentarlo el puente del Pilar, por estar el refugio completo, comenzamos con más antelación las discusiones sobre quién va qué días para la reserva. El clásico desbarajuste de "no sé si puedo", "voy si me falla lo otro", "quizás si quizás no", "os lo digo en unos días", "tengo 14 amigos y medio que quizás vengan", "lo sabré cuando ya esté allí", "¿Balai_qué, es una marca de lavavajillas?", etc., se resuelve con 7 personas subiendo el jueves, y otras 4 el viernes. Decidimos atacar el Balaitous el sábado ya que estamos todos, y así podrá apuntarse quien lo desee, y el domingo lo dedicaremos a hacer un poco de turismo gastronómico.
El jueves 1 de noviembre
los 7 magníficos partimos
hacía
Sallent de Gállego. Allí a la entrada del pueblo
se toma
una carretera ascendente a la izquierda que se deja en unos minutos
para
tomar un desvío a la derecha que va al embalse de la Sarra.
Tras
comer de lo que llevamos y tomar algo caliente en el bar que hay
allí,
nos
disfrazamos de montañeros, cargamos
bártulos, y tiramos
para arriba por el camino del GR-11, que nos llevará al
refugio
de Respomuso. Alucinamos con gente que sube armarios
a su espalda,
como tortugas con la casa encima. El camino sube suave en constante
pendiente,
regalándonos la vista con un paisaje precioso, cascadas de
agua,
y vistas otoñales. Poco antes de llegar al Ibón
de Respomuso
se empieza a echar cada vez más el frío, y
debemos tener
cuidado porque empieza a haber placas de hielo por el camino. Con la
presa
ya a la vista, conviene prestar atención al camino, en el
que las
marcas rojiblancas toman un pequeño desvío
ascendente que
nos evita después tener que subir unas escaleras. En un par
de horas
a buen paso llegamos a la presa, y en 15 minutos más estamos
en
el refugio. Desde la presa conviene seguir el camino del GR-11 que
vuelve
a subir un poco más, en lugar de seguir la senda que llanea
por
abajo (descripción detallada
de la subida a Respomuso). Para la subida invernal
con nieve a Respomuso es mejor hacerlo
por el Collado
de los
Musales.
El refugio, reforzado para aguantar aludes, está muy bien montado, con un buen bar-comedor, aunque el único baño abierto para la tropa deja algo que desear, y lamentablemente no hay agua caliente para que todos puedan ducharse. Las habitaciones tienen buena pinta, pero a nosotros nos asignan una buhardilla, a la que se sube por una escalera de hierro casi vertical sin barandilla. La entrada es una trampilla en el techo, con un pesadísimo portón de hierro en equilibrio inestable y sin sistema de bloqueo. Una vez en la habitación hay que ir con cuidado para no pegarse (o mejor dicho, para pegarse lo menos posible) con el techo inclinado y las vigas que lo soportan. Así mismo hay que ir con cuidado de no caerse por el agujero en el suelo que hace de entrada, y poner cuatro ojos para bajar la escalera; bromeamos sobre encordarnos para poder subir y bajar por ella. Aunque abogo porque en los refugios ha de primar su perspectiva práctica en lugar de ser que cómodos hotelitos, al menos deberían cumplir unos mínimos de seguridad, y dicha habitación y su acceso de entrada no parecen cumplirlo del todo.
Durante la cena hablamos de las posibilidades para el día siguiente, y nos dejamos aconsejar por la experiencia y conocimiento de Manolo quien recomienda La Gran Facha, aunque él ya había estado recientemente. La noche es fría, luminosa y estrellada.
Planificación en el refugio
De vuelta en el refugio desde La Facha, cambio de ropa, duchas de agua casi fría los que la aguantan, comida y bebida. Seguimos en la misma habitación. Bajando de ella, me equilibro apoyándome en el borde de la trampilla y al parecer toco ligeramente una barra que hace de soporte de la bisagra del portón de hierro, el cual al no tener ningún sistema de bloqueo o de seguro me cae sobre la mano. Milagrosa e inexplicablemente, no me amputa los dedos, ni caigo escaleras abajo por el golpe. El impacto ha sido muy fuerte, pero parece que la mano ha sobrevivido, con erosiones y aplastada, pero entera (días después me diagnosticaron una fisura, y me ha quedado una cicatriz de recuerdo). Para seguir con la fiesta el bote de yodo que me dan en el refugio para la cura está atascado, y haciendo fuerza para que salga un poco, revienta y salpica todo de yodo, saltándome al ojo, que se me irrita. Y después dicen que el monte es peligroso .... El guarda del refugio, al ver que lo mío no parece grave, me echa la bronca porque he roto el portón, apenas se preocupa por lo que me ha pasado o lo que podía haber pasado. Al parecer el portón de hierro, muy pesado, con la fuerza de la caída, y al apalancarse sobre mi mano reventó los tirafondos que fijaban la bisagra al cemento, rompiéndolos y reventando el cemento y alguna baldosa. Por tanto, si algún día vais a la habitación nº 7 ¡cuidado con las manos! y si el portón sigue sin ningún sistema de bloqueo, dad un poco la lata, a ver si conseguimos que lo hagan más seguro.
Más tarde llegan desde Zaragoza los cuatro que quedaban por venir y comenzamos el plan para el día siguiente. Ante posibles complicaciones en la subida al Balaitús, ya que es noviembre, y la temporada ideal es agosto o septiembre, decidimos hacer dos grupos, uno para ir al Balaitús y otro para ir al Cristales. Discutimos sobre quién va dónde, y hablamos de las dudas que tenemos sobre la capacidad de Juan el boliviano y de Germán, ya que apenas los conocemos y no sabemos su experiencia en trepadas, escalada, rápel, nieve, hielo, crampones, piolet, .... Juan e.b. parece tener experiencia, pero Germán no. De momento estamos 8 para el Balaitús y 3 para el Cristales.